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El año de las Decisiones Difíciles

Este año sin duda ha sido un año de retos. Con la llegada de la pandemia  y las consecuencias que ésta ha traído a nivel mundial, los humanos hemos sido retados como especie. A nivel global, gobiernos y autoridades han tenido que evaluar y aplicar medidas para proteger a los sistemas de salud buscando salvar el mayor numero de vidas posibles. A nivel local, gobernadores y jueces han tenido que definir las necesidades de su estado para adecuar la realidad a lo que sus habitantes necesitan. A nivel social, se ha tenido que dar prioridad a la salud y su protección ante eventos y festejos tradicionales.  

Y a nivel personal, ?¿qué decisiones difíciles hemos tenido que tomar?  

Desde visitar a nuestros seres queridos o asistir a eventos familiares,   decidir acerca de la educación de nuestros hijos o planear viajes y reuniones de trabajo, este año el reto principal ha sido la toma de decisiones con claridad.  

Con la propagación del COVID-19, no sólo se presentó una dispersión del virus y  los contagios  sino también se disparó una ansiedad generalizada alrededor de ésta y de los muchos cambios que se han tenido que llevar a cabo como consecuencia. Decisiones que antes eran naturales o que no requerían de mayor análisis, ahora requieren de una evaluación detallada y minuciosa. El ver o no a la familia, el asistir a la escuela presencial o en linea,  el viajar para las vacaciones, ir de compras o pedirlo en linea, salir a cenar con amigos, participar en actividades extracurriculares, todas decisiones ahora complicadas y causantes de ansiedad.  

Quizás, lo difícil de estas decisiones no se basa en determinar cuál es la mejor decisión, lo difícil de estas decisiones es que nos hace cuestionarnos qué pensamos realmente y qué estamos dispuestos a hacer y arriesgar. Creo que el reto más grande que hemos vivido a nivel individual es el confrontarnos con nosotros mismos y nuestros principios y valores. 

Identificar si las decisiones que tomamos son influenciadas por lo que los demás hacen o piensan y si somos capaces de llegar a nuestras  propias conclusiones y  sostenerlas aún cuando alguien ve las cosas de manera distinta.

Cuando tomamos una decisión en base a lo que nosotros pensamos y estamos dispuestos a hacer, podemos asumir el riesgo y las consecuencias con mayor aceptación y con absoluta conciencia de ellas. Esto es un reto que tenemos los humanos siempre, pero que este año se ha hecho aún más evidente. 

El fin de ano, siempre es un buen momento para reflexionar acerca de las lecciones aprendidas. Que este año, el aprendizaje principal este basado en nosotros mismos y en nuestra capacidad de tomar decisiones difíciles. 

Setting limits for Parents

We have all learned about the importance of setting limits when raising and educating our children. From the moment our kids turn into toddlers, everyone from the pediatrician to our grandmothers advises us about the limits that should be established at home in order for our kids to grow happy and healthy. Different experts talk about how setting limits contribute to their development as they show how parents are there to guide and protect them. There are limits described according to each develpmental stage in terms of nutrition, use of technology, play time, schedules for eating and sleeping amongst many others. 

But how about setting limits for the parents? Why doesn’t anybody talk to us about that?

Nowadays, being a parent means being over involved with our kids. Even before pregnancy, the race and pressure to look for the best opportunities for their future begins. This race starts with early stimulation classes for babies, preschool and sports in infancy, tutoring and extracurricular activities from elementary to high school and a nonstop push to participate in any activity believed to add a competitive edge to their future. At home, help is provided for projects and homework with excessive resources to be prompt for success. Parents direct their own lives to their children’s needs and everything is fixated on achieving success.  

This is the culture we live in today. A culture where we left “helicopter parents’ behind to make way to the “snowplow parents”. 

Snowplow parents is a term that refers to parents that, in the name of helping their kids, remove all obstacles from their way. Their focus is on the future and in accomplishments and anyone or anything that is in the way of this objective is removed from their course. 

Professional prosperity and the image of a happy independent child is the desired outcome. They visualize a future where kids are accepted to top raking universities from which they graduate with honors to be recruited to very important job positions. It is believed, that by removing all obstacles, they are making life easier for their kids. 

However, this practice commonly produces the opposite result;

Confused and unmotivated adolescents that can’t find their way on their own. 

Totally dependent young adults.

Young people disconnected from purpose and unsatisfied with their lives. 

Complete generations of adults accustomed to having parents solve their problems and incapable of making their own decisions. 

Sons and daughters with little resources to make their own way in life. 

This is why it is so important to talk about setting limits for parents. It is important we realize that the more we do for our children, the more we are interfering with the development of important life skills like resilience and drive. Independence in our kids begins from a very young age. It is crucial that parents foster this independence by relinquishing control over how things should be done. 

Setting limits for parents involves less intervening in their problems and guidance that allows them to find their own solution. It means letting them fall and fail so that they can learn from their mistakes. It requires letting them have control of their lives to explore and to find their own way. 

Setting limits for parents means trusting that our kids will find their own path and that we are only here to guide them along along the way. 

Los límites de los Padres

Todos hemos escuchado acerca de la importancia de los los límites en relación a la paternidad y educación de nuestros hijos. A partir del momento en que nuestros hijos entran a la etapa de la infancia, desde el pediatra hasta las abuelas nos hablan de los límites que se deben de imponer en casa para que nuestros hijos crezcan sanos y felices. Distintos expertos hablan de cómo estos límites contribuyen al sano desarrollo de los hijos al enseñarles que sus padres están ahí para guiarlos y protegerlos. Se describen límites adecuados a cada etapa en relación a la alimentación, el uso de tecnología, las horas de juego, horarios para dormir y comer, entre otras cosas. 

Pero, y los límites de los padres? ¿Por qué nadie nos habla de ellos?

Hoy en día, ser padres es casi sinónimo de sobre involucramiento con los hijos. Desde antes del embarazo, pareciera que comienza un tipo de carrera y presión por buscar las mejores oportunidades para el futuro de los hijos. Esta carrera arranca con actividades de estimulación para los bebés, participación en deportes y preescolar en la infancia, clases particulares y extracurriculares desde la primaria hasta la preparatoria y un constante empuje por motivarlos a participar en toda actividad que se crea agregarán competitividad en su futuro. En casa se les brinda tutoría con trabajos y tareas, se les apoya con recursos desmedidos y se les impulsa continuamente para seguir un camino hacia el éxito. Los papás enfocan sus vidas en las necesidades de sus hijos y todo gira en torno a encaminarlos al triunfo. 

Esta es la cultura en la que vivimos hoy. Una cultura donde se dejó atrás a los ¨Helicopter parents¨  (padres helicópteros) caracterizados por un interés excesivo por la vida de los hijos, para dar lugar a los ¨Snowplow parents´, los padres quita nieve. 

Los Snowplow parents se distinguen por ser padres que en busca de apoyar a sus hijos, remueven todos los obstáculos de su camino. Su mira se encuentra en el futuro y logros de sus hijos y cualquier cosa o persona que entorpezca este objetivo es retirada del trayecto. 

El resultado esperado es el éxito profesional y la imagen del hijo feliz e independiente. Se visualiza un futuro donde los hijos son aceptados a universidades prestigiosas de las cuales se gradúan con honores para luego ser reclutados en importantes trabajos. Se cree que al quitar todos los obstáculos del camino, se les está facilitando la vida y haciendo lo mejor para ellos. 

Sin embargo, esta práctica  más comúnmente produce el resultado contrario;

Adolescentes confundidos y desmotivados que no encuentran su camino por sí solos. 

Adultos jóvenes totalmente dependientes del actuar de los padres. 

Jóvenes desconectados de su propósito y en muchas ocasiones insatisfechos con su vida. Generaciones acostumbradas a que los padres les resuelvan todos sus problemas e incapaces de tomar decisiones por si solos.

Hijos que cuentan con muy pocos recursos para salir adelante. 

De ahí la importancia de hablar de los límites para los padres. De darnos cuenta de que mientras más hacemos por nuestros hijos más los estamos incapacitando para que desarrollen habilidades como la resiliencia y el empuje para luchar por sus objetivos. La independencia de los hijos se comienza a desarrollar desde muy temprana edad y es importante que los padres la fomenten cediendo el control de cómo se deben de hacer las cosas. 

Los límites de los padres involucra buscar intervenir menos en sus problemas y guiarlos a que ellos busquen su propia solución. Implica dejarlos caer y fallar para que puedan aprender de sus errores y desarrollen caracter. Requiere ceder la dirección de sus vidas para dejarlos explorar  y encontrarse a si mismos. 

Poner límites en los padres significa confiar en que nuestros hijos encontrarán su propio camino y que nosotros solo estamos aquí para acompañarlos. 

 

Este post fun previamente publicado en revista VIVA! The Woodlands Magazine. 

Aprendiendo de nuestros hijos

En la escuela de la vida, las lecciones más importantes las aprendemos de los hijos. No sólo los hijos nos enseñan cosas maravillosas como el amor incondicional, la paciencia y la tolerancia, sino también si estamos dispuestos a observarlo, las cosas que aún nos duelen y debemos trabajar.

Cada experiencia e interacción con nuestros hijos es una oportunidad para aprender acerca de nosotros mismos. Cómo respondemos a sus demandas, a sus berrinches e incluso a su amor nos muestra tanto de nosotros como del propio hijo. Estas respuestas, generalmente automáticas, cuando se presentan de manera frecuente y de forma repetida nos indican los focos rojos a analizar que aún no han sanado del pasado.

Cada hijo nos despierta distintas emociones y reacciones. Cada hijo, por lo tanto, nos presenta innumerables oportunidades para aprender y trabajar en patrones irresueltos. Cuando un hijo nos reta o presenta una determinada conducta, se desencadena en nosotros un repertorio de respuestas de manera incontrolable. El niño grita, el padre grita más fuerte, se ponen castigos, se dicen amenazas y al final del día todos terminan agotados. Con el tiempo, estas interacciones se convierten en un patrón y la relación poco a poco se va desgastando.

Pero, ¿cómo podemos frenar o revertir un patrón, cuando los hijos de verdad están fuera de control? ¿Cómo puedo hacer para que mi hijo cambie su comportamiento y responda a mis demandas y las demandas de la vida como yo espero?

La respuesta no está en el hijo, ni en buscar cambios en ellos. La respuesta está en nosotros y en el poder entender y detener nuestra respuesta.

La próxima vez que te encuentres frente a una conducta que te desencadena una reacción automática, como gritar y amenazar, intenta dar un paso atrás, respirar y frenar esa respuesta. Continúa respirando hasta lograr calmar la tentación de gritar y trata de pensar de dónde viene el impulso. Gira el foco del reflector hacia adentro y observa qué encuentras.  ¿Una necesidad de control? ¿Un sentimiento de impotencia? ¿Un desgaste emocional? ¿Una sensación de no ser valorado? Cosas totalmente ajenas al niño y al momento presente y más vinculadas al pasado y expectativas aprendidas.

Si bien es importante educar y poner límites, también es importante aceptar las conductas de nuestros hijos y tratar de entenderlas como parte de una dinámica que involucra a la familia completa.  No se trata de no poner reglas o enseñar modos de expresión adecuados sino de identificar qué estamos aportando nosotros a la dinámica de la relación y qué cambios podemos hacer en nosotros mismos para lograr un cambio en ellos.

Aprender de los hijos requiere trabajo y estar dispuestos a aceptar nuestra responsabilidad en la conducta de ellos, requiere paciencia y estar abierto a probar nuevas formas de entender y resolver un problema.

Artículo previamente publicado por revista Viva! The Woodlands Magazine.

Learning from our kids

In the school of life, we learn the most important lessons from our children. Not only do they teach us wonderful things such as unconditional love, patience and tolerance, but if we are willing to pay attention, our kids can show us baggage from the past that still hurts and that we need to work on. 

Every experience and interaction with our children is a new opportunity to learn about ourselves. The way we answer to their demands, tantrums and even their love can expose as much about us as about our kids. When these responses, usually automatic, are displayed in a frequent and repeated form they can bring to light red flags that need healing.

Every child awakens different emotions and reactions. Therefore, every child provides us countless opportunities to learn and work on unresolved patterns. When a child challenges us or  presents a particular behavior, a series of uncontrollable reactions sparks in us. The child yells, the parent yells louder, punishments are given, threats are expressed and at the end of the day everyone ends up exhausted. With time, theses interactions become a pattern and the parent-child relationship wears away. 

But how can we stop or change a pattern when the kids are out of control? What can I do to make my child change his behavior and meet my demands and life’s challenges the way I expect him to? 

The answer is not in your child. The answer is not in looking to make changes in him. The answer is in us and in understanding our reactions. 

Next time you find yourself having an automatic reaction to your child’s behavior, such as yelling or threatening, try taking a step back to breath and stop that reaction. Keep breathing until you are able to calm the urge of yelling and try to identify where that impulse is coming from. Turn the light inward and observe. Is it coming from a need for control? Is it a feeling of impotence? Is it emotional stress? Could it be coming from not feeling appreciated? Things completely unrelated to the kid and to the present moment and more connected to the past  and learned expectations. 

Setting boundaries and discipline is an important part of raising a child, but so is accepting our child and understanding that their behavior is a part of a dynamic that involves the whole family. It is not just about setting rules or teaching appropriate ways of expression but identifying what we are bringing into the relationship with our kids and what changes we can make in ourselves to bring about change in them. 

Learning from our kids requires work and the willingness to accept our responsibility in our kid’s behaviors. It requires patience and being open to trying new ways of understanding  and solving a problem.